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¿Se imaginan tener que lucir absolutamente todos los días y a todas las horas perfecta?

Las princesas de los cuentos de hadas se muestran siempre bellas, prolijas, de buen humor, con un cuerpo y estado físico envidiables, y rodeadas siempre de amigos que hacen todo el trabajo duro por ellas. Imaginémonos haber nacido princesa de cuentos en estos tiempos actuales…

Suena el despertador a las 4 de la mañana porque, claro, mientras todos duermen… Nosotras tenemos que empezar el proceso de belleza. Aparecen en escena el secador de pelo, la planchita, la buclera, los cepillos, los invisibles. Una vez controlada la cabellera seguimos con el intento desesperado por disimular semejante cara de sueño. Que tapa ojeras, correctores, base, polvo compacto, sombras, rimel, tijera para pestañas (¡Que tortura!)… ¿Y todo esto para que?… Para que, aquellos que no nacieron príncipes o princesas, te miren por la calle y piensen que te agarró el síndrome Piñón Fijo. Lo que pasa es que, en esas historias, un dibujante plasma a la doncella deslumbrante, y nosotras tenemos que agradecerle a algunas marcas comerciales por ayudarnos con la tarea.

Segunda etapa del cuento: conseguir el carruaje. Y si gente, el colectivo urbano tiene una bella parada entre charcos de barro y las bolsas de basura que todavía no fueron recogidas. Pero eso no es lo peor. Sus asientos no son mullidos ni de terciopelo rojo. Si la princesa tiene la suerte de tomar asiento, disfrutará de una silla dura, fría y con seguridad adornada de figuritas, dibujos raros, mensaje de personas que no conoce y con un par de chicles de colores.

Sea en el colegio, facultad o en el trabajo es muy probable que nos crucemos con alguna bruja, brujo, mago, madrastra u ogro. Pero en la realidad, es difícil que en cada uno de estos encuentros aparezca el hada madrina  para solucionar nuestros problemas. Las princesas de la ciudad sufren bochazos, despidos, caídas vergonzosas, visitas a médicos con instrumentos muy raros y muchas otras situaciones que hacen que decidan calzarse los anteojos de sol, y volver lo más rápido que se pueda a sus respectivos castillos.

A pesar de tantos obstáculos, llega el momento mas esperado de la jornada: la aparición del príncipe azul. La dama abre la puerta y aparece el personaje con una pizza en la mano, un par de latas de cerveza y la camiseta de su equipo de fútbol. ¿La princesa esperaba una velada romántica? Nooo, si hoy es la final del campeonato y claro está, él quiere compartir ese acontecimiento con su amor verdadero.

El día ya se está acabando y la princesa mira a su alrededor. En la habitación, toda la ropa está tirada, los zapatos mezclados, los maquillajes esparcidos por diversos rincones, y los aros y collares hechos un nudo sobre el escritorio. ¿Cuál es la mala noticia? Desgraciadamente, no todas nacemos con voces agraciadas por lo que nuestro canto no atraería ni a una ardilla sorda para ayudarnos a poner orden.

Después de liberar un poco el espacio, la princesa se tira sobre su lecho para disfrutar de un encantador sueño. En los alrededores, los automovilistas abusan de sus bocinas, el perro del vecino que no deja de ladrar, la ventana que no para de golpear contra la pared y el perrito de compañía que decidió ocupar toda la cama. Como si fuera poco, el despertador vuelve a sonar y comienza el nuevo día.

Por suerte no nací princesa y estoy lejos de serlo. Soy de las que disfrutan de los cabellos al estilo viento enfurecido, del blanco Morticia en la piel y de tener que dar mi aporte a la ciudad, subiéndome día a día a los colectivos que demoran años en cruzar un par de cuadras.

Así es como los cuentos de hadas son parte de mi baúl. Después de jornadas pesadas, de contratiempos, peleas y malestares, sigo pensando que es reconfortante y alentador sentarse a leer un cuento o ver un clásico de Disney y regresar imaginariamente a aquellos tiempos de la niñez en los cuales pensábamos lo bueno que sería ser una de esas princesas.

¿A quien no le gusta recibir abrazos?

En cualquier momento, a cualquier hora, en sus diferentes variantes… Todo abrazo le da un toque especial a cada jornada, alivia los días grises y aumenta la autoestima.

Kathleen Keating es asesora en salud mental y se dio el gusto de escribir un libro sobre los abrazos. ABRAZAME es la obra que nos narra datos curiosos de este acto, junto a divertidas clasificaciones, dibujos y técnicas para convertirnos en expertos abrazoterapeutas.

La autora nos relata: “Abrazar es un instinto, una respuesta natural a los sentimientos de afecto, compasión, necesidad y alegría. Es también una ciencia, un simple método de desarrollo, de resultados mensurables y notables. En su forma mas elevada, es un arte”.

La importancia y beneficios de esta actividad llevó a la creación de un movimiento internacional que porta la bandera de esta nueva terapia: la organización Abrazos Gratis. El slogan, “Todos necesitamos uno”, refleja su objetivo principal de repartir afecto a conocidos y desconocidos. Interesante, ¿No?

Mi baúl de tesoros está repleto de abrazos que recibí en todo este trayecto de vida. Amigos, familiares, vecinos, compañeros y maestros supieron darme un fuerte apretón cuando por algún motivo desbordaba de felicidad o cuando sentía que las cosas no estaban como quería. Gracias a todos por ese acto desinteresado y… ¡A seguir abrazando!

Sombreros, máscaras, polleras a lunares y anteojos en sus mas variados modelos… Todo sirve para jugar a interpretar algún personaje.Disfraces

Cuando era chica adoraba pasar tardes enteras revolviendo el baúl de mi abuela y aprovechando cada prenda para inventar alguna historia. Los disfraces nos dan la  posibilidad de encarnarnos en la piel de alguien más y dejar salir toda la creatividad que llevamos escondida.

Halloween es una de las festividades extranjeras que de a poco estamos importando en Argentina. Aquí los chicos aprovechan para vestirse como los personajes de películas de terror y recorren las casas en busca de sus tesoros. Interpretar a duendes, momias, fantasmas o brujas es un detalle copiado de los bandoleros de la Edad Media, quienes se hacían pasar por espíritus para delinquir con tranquilidad.

Pero también las fiestas de disfraces son una alternativa para darle un toque especial a un cumpleaños, una celebración de fin de año, un día de la primavera o una despedida de soltero/a. Los disfraces permiten que nos animemos a hacer cosas que en nuestra rutina no haríamos. El hecho de no ser los únicos vestidos de manera diferente, nos ayuda a perderle el miedo al ridículo y sacar de nuestro interior facetas desconocidas.

Un claro ejemplo lo encontramos en la película “La Máscara”, con Jim Carey. El actor se transforma en una figura extrovertida y alocada cada vez que se ponía la careta.

Los disfraces son entonces parte de este baúl. Me hacen recordar momentos de diversión con amigos… Fantasías de niños y fiestas muy divertidas.

Las fotografías guardan recuerdos, memorias y situaciones que merecen ser recordadas.

 

Las personas disfrutamos apresar bellos momentos bajo la lente de las cámaras. Son millones las fotos que se revelan cada mes y esto es señal de que esa labor es parte de nuestra vida cotidiana. Es también una actividad que nos permite compartir nuestras experiencias con los demás y revivir aquellas situaciones que decidimos captar.

 

Casamientos, cumpleaños, cenas y reuniones son los eventos que, con seguridad, cuentan con la presencia de más de una cámara. Pero también esta práctica ha sido de utilidad para los científicos, artistas, publicistas, periodistas y todos aquellos que valoran el retrato de un instante preciso. Cada imagen refleja el punto de vista de su autor, que elige una porción de la realidad para construir su mundo.

 

Personalmente, yo me definiría como alguien que disfruta tomar y ver fotografías. Detenernos a observar algún recuerdo preso en un portarretrato nos ayuda a ponerle energía al día; vienen a nuestra memoria personas queridas, sorpresas, logros, noticias, vacaciones… Desde la visita de un artista hasta una simple llovizna, todo merece ser fotografiado porque cada imagen guarda una subjetividad especial incomparable.

 

Si analizamos la procedencia de la palabra fotografía, debemos separarla en dos términos griegos: “phos”, que significa “luz” y “grafis”, que es “diseñar” o “escribir”; es decir, que fotografía podría traducirse como escribir con la luz.

 

Como toda invención humana, la fotografía pasó por varias etapas de producción hasta llegar al estado en que hoy la conocemos. Niépce fue quien obtuvo en 1816 la primera imagen negativa sobre papel. Luego, en 1839, Daguerre consigue plasmar el cuadro en un soporte metálico. En 1888 aparece la cámara Kodak tradicional y sesenta años después, nos sorprende el revelado instantáneo. Los noventa marcan el comienzo de la digitalización en el ámbito fotográfico.

 

Las fotos son entonces el primer tesoro de mi baúl. En ellas se encuentran amigos, familiares, cumpleaños, navidades e innumerables momentos que guardo con mucho cariño como testigos de mi historia, como extensión de lo que soy y de lo que hice hasta el momento. Hoy quiero compartir con ustedes algunas fotos que son muy significativas para mi ¿Qué fotos guardan ustedes en su baúl?

Hola Mundo!!!

Bienvenidos a todos a este espacio que decidí llamar “El Baúl de los Tesoros”.

Creo que todos tenemos sueños, memorias, deseos e innumerables recuerdos que guardamos en nuestras mentes como preciosos tesoros que nos siguen en todo nuestro camino.

Deseo compartir con ustedes mis tesoros y espero que ustedes se den la oportunidad de compartir con el mundo aquellas grandes y pequeñas bellezas que disfrutan.

Los saludo afectuosamente

                                           Romina Rodriguez

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